Un pisotón y un codazo involuntarios en El Álamo. Así, por casualidad, nos cruzamos. Después, el azar o el destino hicieron que CECHEBA nos juntara en un proyecto de radio efímero pero positivo. Siguieron horas y horas de reuniones de estudio, de ping pong en el Centro, de cursadas en el Círculo de la Prensa, de generar proyectos, de más programas de radio en verano, de soñar, de hacer filosofía barata sobre la pareja, de pelearnos y discutir, de compartir temores y alegrías que nos generaron nuestros hijos. Y también muchas de esas horas de hablar y hablar de lo que fuera o de estar “meta hacer nada, nomás”…
No puedo dejar de pensar. No puedo dejar de tener esos flashes con recuerdos siempre agradables. Rápido para el chiste, ocurrente y ácido como pocos. Tranquilo hasta la exasperación, de andar cansino y constante, pero un cabrón con todas las letras cuando “los planetas se desalineaban”. El tipo más frontal que conocí. Persistente sin igual. Bostero consuetudinario pero no fanático a ciegas. Renegado con el que no te cayó bien, pero con un corazón inmenso para todos los que querés de verdad.
Un amigo. Eso. Un amigo de verdad. De esos de fierro. De los que podés no ver durante meses o años, pero que cuando lo necesitás, si te puede dar una mano te la da aunque sea desde “Yungulavia”.
La vida nos hizo terminar de crecer profesionalmente en lugares diferentes. Vos elegiste volver a las raíces pronto. Y lo hiciste y te ganaste un lugar mucho mejor del que muchos pensábamos. Y anduviste por redacciones, radios y pasillos oficiales y no oficiales, rescatando el dato, el off the record, la pista para tratar de entender el enredo que siempre hay detrás de la información política.
Sólo Dios sabe lo que te costó cada paso en la vida. Sólo Dios sabe que el mejor premio al esfuerzo y el deseo inquebrantable que siempre tuvieron con la Negra de ser papás, fue ese enano que llenó sus vidas. Que cuando todo jugó en contra no le aflojaron y tuvieron la mejor respuesta.
Por eso da más bronca. Porque era demasiado pronto para que fuera ahora. Porque ya hace un año que somos muchos los que no tenemos respuestas. Porque había demasiadas cosas lindas para que tu hijo, tu mujer, tus amigos y todos los que te conocen, disfrutaran con vos. Porque la pregunta que uno más se hace es esa: ¿por qué? Y hoy hace un año que no puedo entender por qué.
Hay injusticias que uno no termina de entender ni de aceptar. Como hablamos con el Keke Rogers (ese inconsciente que sin querer fue la excusa para que nos ganáramos una amistad gigante) habiendo tanta gente dañina y jodida dando vueltas que sería mejor ni ver, nos vamos a perder de verte a vos. Porque hay tanta mala persona que no merece ni una décima parte de lo que tiene, y a vos, a tu mujer y a tu hijo se les fue la posibilidad de verse para disfrutar de todo lo bueno y aguantar la mano cuando se viene lo fulero.
Sé que estás. Sé que nos va a costar muchísimo juntar esta sensación intangible de saber que estás acá, con esa realidad cruda y dolorosa, con la impotencia que genera que no te podamos ver. Estás Marce, en el corazón de todos nosotros, en la memoria, en los gestos, en los recuerdos que nunca se borran. Estás acá, ahí nomás.
Me queda esa imagen tuya, las risas, los chistes, la tranquilidad, las charlas, los mates, las cabronadas, los asados, las palabras antiguas que convertimos casi en un dialecto.
Por eso tenemos que seguir, tenemos que bancarte, tenemos que darte una mano, tenemos que estar para contarle a Luquita que tuvo un padre monumental. Con valores, con principios, con convicciones fuertes. Y eso vamos a hacer. Vamos a seguir peleando con vos, como vos. Porque vos sí nos podés ver. Aunque a nosotros nos quede el vacío de tu cuerpo, vamos a tener la certeza de tu alma en cada rincón. Y sé que te va a hacer feliz. Quedate tranquilo. Descansá en paz.
Hasta pronto Poyito. Sigamos jugando. Seguí escondido por ahí, hasta que volvamos a vernos.
FERNANDO D’ALOIA
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario