viernes, 13 de febrero de 2009
Un año sin el “Pollo” Ruiz
Por Rolando Tobarez
Publicado en el Diario Jornada Jueves 12/02/2009
UN AÑO JUGANDO A LAS ESCONDIDAS
No puedo dejar de pensar. No puedo dejar de tener esos flashes con recuerdos siempre agradables. Rápido para el chiste, ocurrente y ácido como pocos. Tranquilo hasta la exasperación, de andar cansino y constante, pero un cabrón con todas las letras cuando “los planetas se desalineaban”. El tipo más frontal que conocí. Persistente sin igual. Bostero consuetudinario pero no fanático a ciegas. Renegado con el que no te cayó bien, pero con un corazón inmenso para todos los que querés de verdad.
Un amigo. Eso. Un amigo de verdad. De esos de fierro. De los que podés no ver durante meses o años, pero que cuando lo necesitás, si te puede dar una mano te la da aunque sea desde “Yungulavia”.
La vida nos hizo terminar de crecer profesionalmente en lugares diferentes. Vos elegiste volver a las raíces pronto. Y lo hiciste y te ganaste un lugar mucho mejor del que muchos pensábamos. Y anduviste por redacciones, radios y pasillos oficiales y no oficiales, rescatando el dato, el off the record, la pista para tratar de entender el enredo que siempre hay detrás de la información política.
Sólo Dios sabe lo que te costó cada paso en la vida. Sólo Dios sabe que el mejor premio al esfuerzo y el deseo inquebrantable que siempre tuvieron con la Negra de ser papás, fue ese enano que llenó sus vidas. Que cuando todo jugó en contra no le aflojaron y tuvieron la mejor respuesta.
Por eso da más bronca. Porque era demasiado pronto para que fuera ahora. Porque ya hace un año que somos muchos los que no tenemos respuestas. Porque había demasiadas cosas lindas para que tu hijo, tu mujer, tus amigos y todos los que te conocen, disfrutaran con vos. Porque la pregunta que uno más se hace es esa: ¿por qué? Y hoy hace un año que no puedo entender por qué.
Hay injusticias que uno no termina de entender ni de aceptar. Como hablamos con el Keke Rogers (ese inconsciente que sin querer fue la excusa para que nos ganáramos una amistad gigante) habiendo tanta gente dañina y jodida dando vueltas que sería mejor ni ver, nos vamos a perder de verte a vos. Porque hay tanta mala persona que no merece ni una décima parte de lo que tiene, y a vos, a tu mujer y a tu hijo se les fue la posibilidad de verse para disfrutar de todo lo bueno y aguantar la mano cuando se viene lo fulero.
Sé que estás. Sé que nos va a costar muchísimo juntar esta sensación intangible de saber que estás acá, con esa realidad cruda y dolorosa, con la impotencia que genera que no te podamos ver. Estás Marce, en el corazón de todos nosotros, en la memoria, en los gestos, en los recuerdos que nunca se borran. Estás acá, ahí nomás.
Me queda esa imagen tuya, las risas, los chistes, la tranquilidad, las charlas, los mates, las cabronadas, los asados, las palabras antiguas que convertimos casi en un dialecto.
Por eso tenemos que seguir, tenemos que bancarte, tenemos que darte una mano, tenemos que estar para contarle a Luquita que tuvo un padre monumental. Con valores, con principios, con convicciones fuertes. Y eso vamos a hacer. Vamos a seguir peleando con vos, como vos. Porque vos sí nos podés ver. Aunque a nosotros nos quede el vacío de tu cuerpo, vamos a tener la certeza de tu alma en cada rincón. Y sé que te va a hacer feliz. Quedate tranquilo. Descansá en paz.
Hasta pronto Poyito. Sigamos jugando. Seguí escondido por ahí, hasta que volvamos a vernos.
FERNANDO D’ALOIA
sábado, 26 de abril de 2008
El Alamo comienza a ser leyenda
El Alamo vió la luz el 23 de diciembre de 1967, producto de una idea original de Juan Carlos Weigel, Víctor Brullo y Enzo Bonatti, tres jóvenes de entonces que cumplieron el sueño del boliche propio.
«El Alamo fue un quiebre, nacido de la necesidad de los jóvenes de la época», dijo Weigel. Significó un antes y un después. Su desmantelación hace escombros los recuerdos de cientos de personas que conocieron el amanecer frente al mar afuera del mítico boliche.
Weingel afirmó que «con El Alamo nace el boliche, antes no existía». Fue en Playa Unión donde consiguieron un terreno que «nos dió la Municipalidad de Rawson, que lo tenía fijado para que fuera confitería»; era, la de esos años, una Playa Unión que terminaba en el Internado, «así que donde hicimos El Alamo era un descampado, era un boliche que no iba a molestar a nadie».
Weigel recuerda que «al boliche lo hicimos con mucho esfuerzo, con créditos, nos ayudó mucho Corradi donde trabajaba Tartaglioni (padre), luego se pagó todo, pero nos ayudaron mucho los créditos», comentó y agregó que el diseño arquitectónico del lugar se dió «por una cuestión económica: había pocos recursos y había que terminarlo». Fue entonces cuando alguien comentó «pongamos un techo de esos que se usan mucho en la zona norte de Buenos Aires, así que fuimos a comprarlo y lo trajimos». En este punto, Weigel aseguró que «El Alamo tuvo un Dios a parte porque todo ese material era inflamable de primera y nunca hubo un sólo inconveniente».
La idea original e
ra que hubiera una parte para el boliche y otra para un restaurante, ésa nunca vio la luz, porque «el boliche lo copó todo», dijo.
Los socios fundadores estuvieron juntos hasta el 72' cuando previa partida de Bonatti, se retiró Weigel. Para los tres, El Alamo «era el juguete deseado». «Lo importante para mí es que El Alamo cumplió con una necesidad de la época, había una necesidad de liberación y de cambio que el boliche cumplió perfectamente».
Los primeros sonidos llegaron gracias al Teatro El Grillo que les prestó los primeros equipos, «se improvisó una forma de poner música y fui yo el primero en hacerlo, al año siguiente compramos un equipo importante de música y luego se habilitó la pista transparente».
La primera temporada estuvo abierto desde diciembre a abril, luego reabrieron los primeros días de diciembre del 68', y la realidad fue que «la gente sobrepasaba la capacidad del boliche». Weigel recuerda que «Bonatti y yo trabajábamos en la provincia, que fue muy generosa en no habernos echado, porque faltábamos cada dos días, estábamos muertos, porque abríamos de lunes a lunes y siempre con mucho público, realmente marcó toda una época de una juventud que quería otra cosa».
En El Alamo se formaron muchas parejas, «hubieron romances, desilusiones, fue un lugar para los amigos, permitió que el amor se recreara noche tras noche, salir a ver la luna en el mar», comentó emocionado y agregó, «El Alamo te dió la oportunidad de descubrir una salida de sol, que descubrieras la luna, tuvo todo eso».
En esa época «estaba de moda el tema «Pata pata» y en la pista tirábamos talco, la gente se sacaba los zapatos y bailaba sobre el talco, realmente no se cómo no se intoxicó nadie, porque salías cubierto de talco», comentó.
En El Alamo se hicieron casamientos, despedidas de solteros, obras de teatro y actividades culturales, «la gente lo hizo grande, no nosotros».
Weigel no se esfuerza en reconocer la pena de ver al boliche que hizo historia desmantelado, «me hubiese gustado que la Municipalidad lo comprara y lo mantuviera como un lugar para las expresiones culturales populares», dijo.
«Me quedan para mí amaneceres, reflejos de luna en el mar, noches serenas, algún baño en el mar a la noche, amigos, romances, porque quien fue la mamá de mis hijos la conocí allí, dejé de poner música para bailar por primera vez con ella en El Alamo», afirmó.
Publicado en El Chubut, el martes 8 de abril
jueves, 14 de febrero de 2008
Marcelo Ruíz: Doloroso adiós a un periodista
Entra a la redacción con los ojos hinchados por la siesta que seguramente no quería abandonar. Mira alrededor buscando alguna sonrisa cómplice. Enseguida empiezan las preguntas rutinarias que lentamente se van convirtiendo en largas charlas de la redacción. Tarda en acomodar las cosas que trae al hombro. Festeja un chiste. Hace otros dos, que todos celebramos. Después empieza a volcar el trabajo cotidiano, el de esa profesión que abraza desde hace no se sabe cuántos años, pasando de redacción en redacción, saltando por estudios de radio. Es periodista. Uno más de los tantos periodistas anónimos que pueblan esos largos salones de computadoras amontonadas, que sufren o gozan con cada noticia. Es tan alegre como cabrón. Ama a su Boca de toda la vida y alienta a la broma conjunta buscando aliados para alguna salida disparatada. Cuando llega la noche, vuelve a poner al hombro sus cosas. Tal vez, igual que pone al hombro sus sueños. Los comparte con su hijo y su mujer rumbo a su casa, tejiendo en el camino mil historias familiares. Las de ayer, hoy y mañana.Casi un pibe todavía, sus 38 no parecen reales porque una panza prominente y su calvicie galopante se encargan de sumarle algunos meses a su sonrisa de pibe de la calle, de atorrante de algún barrio de malandras.Cuesta hablar de "El Pollo" en pasado. Cuesta pensar que ya no va a hacer lo que hacía, que no lo tendremos más. Cuesta creer en esa muerte súbita. Para nosotros lo mejor era tenerlo. Y en eso seguiremos pensando. "Las personas no mueren. Sólo mueren aquellas a las que la gente olvida".Nosotros no te vamos a olvidar. #