Falleció ayer en Capital Federal. Trabajaba en Jornada. Tenía 38 años. Consternación.
Entra a la redacción con los ojos hinchados por la siesta que seguramente no quería abandonar. Mira alrededor buscando alguna sonrisa cómplice. Enseguida empiezan las preguntas rutinarias que lentamente se van convirtiendo en largas charlas de la redacción. Tarda en acomodar las cosas que trae al hombro. Festeja un chiste. Hace otros dos, que todos celebramos. Después empieza a volcar el trabajo cotidiano, el de esa profesión que abraza desde hace no se sabe cuántos años, pasando de redacción en redacción, saltando por estudios de radio. Es periodista. Uno más de los tantos periodistas anónimos que pueblan esos largos salones de computadoras amontonadas, que sufren o gozan con cada noticia. Es tan alegre como cabrón. Ama a su Boca de toda la vida y alienta a la broma conjunta buscando aliados para alguna salida disparatada. Cuando llega la noche, vuelve a poner al hombro sus cosas. Tal vez, igual que pone al hombro sus sueños. Los comparte con su hijo y su mujer rumbo a su casa, tejiendo en el camino mil historias familiares. Las de ayer, hoy y mañana.Casi un pibe todavía, sus 38 no parecen reales porque una panza prominente y su calvicie galopante se encargan de sumarle algunos meses a su sonrisa de pibe de la calle, de atorrante de algún barrio de malandras.Cuesta hablar de "El Pollo" en pasado. Cuesta pensar que ya no va a hacer lo que hacía, que no lo tendremos más. Cuesta creer en esa muerte súbita. Para nosotros lo mejor era tenerlo. Y en eso seguiremos pensando. "Las personas no mueren. Sólo mueren aquellas a las que la gente olvida".Nosotros no te vamos a olvidar. #
Entra a la redacción con los ojos hinchados por la siesta que seguramente no quería abandonar. Mira alrededor buscando alguna sonrisa cómplice. Enseguida empiezan las preguntas rutinarias que lentamente se van convirtiendo en largas charlas de la redacción. Tarda en acomodar las cosas que trae al hombro. Festeja un chiste. Hace otros dos, que todos celebramos. Después empieza a volcar el trabajo cotidiano, el de esa profesión que abraza desde hace no se sabe cuántos años, pasando de redacción en redacción, saltando por estudios de radio. Es periodista. Uno más de los tantos periodistas anónimos que pueblan esos largos salones de computadoras amontonadas, que sufren o gozan con cada noticia. Es tan alegre como cabrón. Ama a su Boca de toda la vida y alienta a la broma conjunta buscando aliados para alguna salida disparatada. Cuando llega la noche, vuelve a poner al hombro sus cosas. Tal vez, igual que pone al hombro sus sueños. Los comparte con su hijo y su mujer rumbo a su casa, tejiendo en el camino mil historias familiares. Las de ayer, hoy y mañana.Casi un pibe todavía, sus 38 no parecen reales porque una panza prominente y su calvicie galopante se encargan de sumarle algunos meses a su sonrisa de pibe de la calle, de atorrante de algún barrio de malandras.Cuesta hablar de "El Pollo" en pasado. Cuesta pensar que ya no va a hacer lo que hacía, que no lo tendremos más. Cuesta creer en esa muerte súbita. Para nosotros lo mejor era tenerlo. Y en eso seguiremos pensando. "Las personas no mueren. Sólo mueren aquellas a las que la gente olvida".Nosotros no te vamos a olvidar. #